La luz de Sierra Canasta

*Una historia real que muestra como sucedio la infiltracion de elementos comunistas dentro de las filas del Ejercito Rebelde tras el triunfo de la revolucion cubana. La mision de adoctrinamiento politico por parte de estos elementos, muchos de ellos antes aliados del gobierno de Batista, comenzo desde mediados de 1959 y creo un gran malestar dentro de las instalaciones militares del recien estrenado gobierno revolucionario. Una historia que todos deben conocer, en especial, las nuevas generaciones de cubanos.

Por Gabriel Astengo

Corria el mes de Septiembre de 1960 y yo tenia solo catorce años de edad. Me habia criado con mi familia materna, quienes muchos de sus integrantes habian apoyado la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista desde las filas del Directorio Revolucionario y del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo). Nos toco vivir tiempos muy dificiles, los que siendo niño aun recuerdo.

Un año antes, al triunfar la revolucion, que creiamos liberadora y que enrumbaria a Cuba por los caminos constitucionales, democraticos y de verdadera justicia social, no dudamos en darle apoyo a ese supuesto empeño nacional.

Poco a poco, varios de mis familiares que habian combatido contra Batista, mayores de edad que yo, por solo citar dos ejemplos: mi primo, el Dr. Ruben Acosta Carrasco, quien al triunfo revolucionario habia sido nombrado director del Aeropuerto Nacional Jose Marti y ademas Auditor General de la Republica, a los pocos meses del trinfo revolucionario, renuncio a sus cargos y regreso a su bufete de abogado en la calle Obispo de la Habana Vieja (mas tarde caeria preso acusado de conspirar). Por otra parte, mi tio materno, Alfredo “Fellito” Acosta, amigo personal de Fidel Castro desde su juventud en la Universidad de La Habana y uno de los directores del Hospital Calixto Garcia en el area farmaceutica, tambien de manera discreta ponia distancia entre el y el nuevo gobierno revolucionario.

Por aquellos tiempos, ya se rumoraba sobre la infiltacion de elementos comunistas dentro de la revolucion y yo me sentia sumamente confundido sobre ese estado de cosas por las que atravesaba el pais. Por aquellos tiempos no sabia mucho de comunismo, ni de sus metodos. Catorce años de edad no permiten hacer analisis con profundidad.

Lo cierto es que de pronto me vi enseñando a leer y a escribir a muchos oficiales y miembros del Ejercito Rebelde en la zona de Guantanamo. Eso fue meses antes que comenzara la llamada “Campaña de Alfebetizacion” lanzada por el regimen, cuando se declaro oficiamente como socialista.

En esos tiempos, Fidel Castro, a pesar del arresto arbitrario del comandante Huber Matos y otros oficiales rebeldes, todavia coqueteaba con las dos facciones dentro de la revolucion, la democratica y la pro’ comunista. Muchos ilusos, entre los que yo me encontraba, pensabamos que en un momento determinado pondria a los comunistas en su justo lugar, algo no tan descabellado conociendo los vinculos de los comunistas con Batista. En realidad Castro solo intentaba ganar tiempo.

Me asignaron, a pesar de mi corta edad, ya como integrante del Ejercito Rebelde, a la tarea alfabetizadora de aquellos hombres, campesinos en su inmensa mayoria, en una intalacion militar la cual era en realidad un deposito de armas y pertrechos para ser utilizada caso de un supuesto ataque yanqui desde la Base Naval de Guantanamo.

El lugar se nombraba San Andres, y estaba ubicado entre Los Reynaldos y Vilorio, cerca de las laderas de la Sierra Canasta. Anteriormente habia sido una finca privada. Al poco tiempo de estar en ese lugar se terminaron mis confusiones y gracias a Dios pude al fin ver la luz de lo que estaba sucediendo realmente en el pais.

Les narro a continuacion como sucedieron los hechos:

Esa zona estaba bajo el mando del comandante Reinerio Jimenez, quien habia luchado en la insurreccion bajo las ordenes del comandante Efigenio Amejeiras. Por otra parte, el jefe de dicha instalacion era un capitan de apellido Muñoa (no recuerdo su primer nombre) que casi nunca permanecia en ella por estar haciendo inspecciones en otras unidades militares de la zona. Muñoa era un tipo agradable, humilde, quien jamas se jactaba de su grado militar, pero tenia un defecto: era comunista convencido y recuerdo que siempre me regalaba libros de autores sovieticos para tratar de captarme. Uno que recuedo perfectamente, se titulaba “La carretera de Volokolams”. Despues supe que al regresar de un viaje a la Union Sovietica, habia muerto en un accidente automovilistico.

Al principio mis alumnos, se mostraban desconfiados conmigo, pensaban que yo tan joven y habanero, podria ser un agente comunista infiltrado, con la intencion de conocer sus opiniones politicas. Repito, estamos hablando de los meses finales de 1960 y principios de 1961.

Poco a poco nos fuimos tomando confianza. Se quejaban de que les habian puesto instructores militares, miembros del Partido Comunista, quienes muchos de ellos habian sido simpatizantes de la dictadura batistiana. En San Andres nos asignaron a un tipejo detestable, un mulato cabo de apellido Pereira, a quienes mis alumnos bautizaron con el sobrenombre de “el Huevon” ya que sus testiculos eran mas grandes de lo normal, debido a una enfermedad y quien caminaba dando tumbos de un lado a otro.

Ese siniestro personaje, era el verdadero jefe del lugar, aunque su grado militar fuera muy inferior al resto de los militares de San Andres. Una vez, el cabo Pereira me dijo socarronamente..¡oiga maestrito, porque no me ayuda con los circulos de estudios politicos?..a lo que conteste “yo estoy aqui para enseñar a leer y a escribir no para politizar a nadie, ese trabajo es suyo”. Desde ese dia “me saque la rifa del guanajo” con ese sujeto, que aunque no se atrevio de nuevo a sugerirme algo parecido, me miraba con odio y a mis espaldas me apodo “el burgesito”.

Entre muchos oficiales, hice gran amistad con un teniente nombrado Santiago “Chaguito” Cintras, hermano de un martir de la revolucion cubana. “Chaguito”, que ya me conocia bien y no recelaba, me narro que casi todos alli querian licenciarse por estar en desacuerdo con el adoctrinamiento a que estaban siendo sometidos. Recuerdo las visitas que juntos haciamos a casa de su madre, quien residia cerca del Hospital Militar que por aquellos tiempos se encontraba a la entrada de Guantanamo, viniendo desde Santiago de Cuba. La señora ya estaba en contra del gobierno y no se ocultaba para decirlo. Muchas veces me decia “Hijo vete de aqui y vuelve a La Habana a continuar tus estudios, que esto se va a poner mas malo de lo que esta”. Nunca la olvido.

Ahora bien, el hecho que ya me puso en franca rebeldia hacia la mal llamada “revolucion”, fue una mañana que salimos junto a un grupo de oficiales a cazar perros jibaros en la Sierra Canasta. Al llegar a un batey de carboneros en lo alto de la sierra, desde donde se divisaba Caimarera y Boqueron, frente a la bahia de Guantanamo, uno de los carboneros nos dijo preocupado; “muchachos tengan cuidado por esos montes, que hay gente alzada”..a lo que pregunte seguidamente..¿pero todavia quedan profugos de la dictadura de Batista en estos lugares?..el carbonero me respondio moviendo negativamente su cabeza..”¡no! no son batistianos, son revolucionarios que han vuelto pa’l monte”..Ahi se fueron mis dudas y confusiones al carajo, comprendiendo que estabamos bajo una nueva dictadura.

Por eso digo que en Sierra Canasta vi la luz que me guiaria en lo adelante a luchar contra esa dictadura. Recuerdo que el carbonero, de esos que en Cuba llamamos “moros” por tener pelo lacio y facciones de blanco, tenia un hijito tan prieto como el, pero su pelo tambien lacio era dorado por los efectos del sol. Ese niñito lo habian bautizado con el nombre de Cristo.

Quiza en extraña coincidencia, tambien alli habia un Cristo presente cuando este pobre mortal, como Saulo de Tarso en su camino a Damasco, vio la luz de la verdad. Ahi estaban claros los contrastes. Los comunistas, muchos de ellos antes aliados de Batista, impartiendo clases de marxismo-leninismo en los cuarteles y los verdaderos revolucionarios oponiendose con las armas en la mano a ese nuevo estado de cosas.

Termino este veridico testimonio diciendo que al fin logre licenciarme con la ayuda de algunas amistades de mi familia, las que todavia conservaban cargos en el gobierno. Conservo copia del licenciamiento, firmado por el comandante Calixto Garcia, Jefe Militar de la provincia de Oriente por aquellos tiempos.

Casi llegando a La Habana supe del alzamiento en las montañas de El Escambray, del comandante Osvaldo Ramirez, con quien me unia una relacion de amistad y a quien yo admiraba desde muy joven. Tras este hecho comenze a concertar esfuerzos con otros estudiantes para combatir al regimen castrista.

Dos años despues, fundamos junto a un grupo de esos estudiantes y ex militares del Ejercito Rebelde, el Directorio Revolucionario Nacionalista “13 de Marzo”, en honor a todos los Directorios Estudiantiles que a lo largo de nuestra historia se habian enfrentado valientemente a todo tipo de dictaduras.

Y cosa de Dios o del destino ¿saben a quien me encontre en un pabellon de la Prision de Boniato en 1968, mientras cumpliamos nuestra sancion?..pues nada menos que al teniente “Chaguito” Cintras, mi amigo de San Andres. Su hermano cayo combatiendo una dictadura y “Chaguito” estaba preso por combatir otra.

Heroica y triste historia la de Cuba.

Un comentario en “La luz de Sierra Canasta

  1. La mayoritaria faccion democratica de la Revolucion Cubana, tuvo que batirse sola contra la camarilla traidora castro-comunista y sus amos sovieticos. Fue una lucha en desventaja, totalmente desigual, pero donde se escribieron paginas de gloria y se salvo el honor nacional para las futuras generaciones de cubanos.

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