Defendamos la República

HISTORIA CUBANAExisten agendas más o menos groseras, pero agendas al fin. Cuando diseñamos “Cuba Hora Cero” establecimos una, bien obvia por cierto. Cuba es el tema y la República el propósito.

La República murió en 1959. El sistema político impuesto por el clan Castro está diseñado al mejor estilo comunista con un férreo control en todas las áreas sociales, económicas y políticas del país. Es, en todo el sentido de la palabra, una tiranía. Aún a los cómplices de tal ignominia les resulta difícil justificar tamaña afrenta a la dignidad de un pueblo.

¿Cómo calificar a un hombre que se mantuvo en el poder por 50 años y en reunión con su gabinete en el año 2003 confesó abiertamente que estaría en el poder “hasta que la naturaleza se lo permita”? ¿Cómo nombrarlo? ¿Presidente? ¿Primer Secretario? ¿Gobernante? ¡No! ¡Tirano!
Para colmo de desgracias, cuando la “naturaleza” decidió “retirarlo”, alargó su mano y con gesto de bendición señaló a su hermano como sucesor. Raúl Castro, heredero de los destinos de la nación, asegura que culminará en el 2018 y existen fuertes evidencias que su hijo Alejandro Castro Espín será el próximo en ocupar el puesto.

El día 17 de diciembre de 2014 sucedió lo que se veía venir. El gobierno de los Estados Unidos, presidido por el demócrata Obama, decidió unilateralmente conceder oxígeno a la maltrecha tiranía. Comenzó, entonces, la carrera por establecer en la Isla lo que se conoce como capitalismo de estado. La nomenclatura tiránica goza de todos los placeres y beneficios que ofrece la economía libre de mercado y el pueblo, por su parte, no verá los frutos de tal negociación. Sólo recibirá a cambio educación gratuita ideológicamente controlada y algún que otro servicio de salud subsidiado de mala calidad.

La tiranía comunista recurre nuevamente a fórmulas capitalistas para salvarse a sí misma reconociendo, involuntariamente, la inviabilidad del socialismo y reforzando nuestra idea de que sólo el sistema capitalista es capaz de generar riqueza. Pero este tipo de concesiones no se ofrece a los ciudadanos de la Isla, sino sólo a las corporaciones controladas por militares que forman parte de la nomenclatura represiva del país, fortaleciendo el ciclo de opresión y ausencia de libertades.

Ante el continuismo estatista de la tiranía proponemos un proyecto liberador. Debemos restablecer el carácter republicano de la patria sepultado por el afán monárquico-feudal de la familia Castro y abrir el país al libre mercado reduciendo al máximo el papel del estado en la vida los individuos.

Este noble objetivo sólo será posible cuando cada ciudadano se decida a tomar parte en los destinos de la nación. El poder no está en quien lo ostenta sino en quien lo otorga. Sólo el pueblo puede arrancar el poder de la mano de los verdugos de la patria.

Por Alexandro González

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