¿Pá dónde va Vicente? ¡Pá donde va la gente!

“Todo ha cambiado y no ha cambiado nada”, decimos los cubanos de a pie cuando vemos la avalancha de presidentes, papas, negociantes, empresarios y curiosos que vienen a Cuba a ver cómo los esclavos molemos caña en el trapiche.

El presidente de Francia ya vino, Obama mostró su intención de visitar Cuba antes que termine su mandato en 2017, el Papa viene en septiembre y miles de negociantes hablan de vuelos, ferrrys, dinero y empresas con la tiranía.

Mientras todo eso sucede para nosotros los cubanos nada ha cambiado. A Carmen la casa le está cayendo encima, a Francisco la policía le arrebató el dinero y los limones que le quedaban por “negocio ilícito”, Marbelis recibió unos cuantos palos por reclamar sus derechos en el centro de la Habana y nuestros hijos siguen sin tomar leche mientras el tirano pasea medio mundo y es recibido con bombos y platillos.

Y todos vienen a Cuba. Vienen a vacilar a nuestras mulatas, a beber nuestro ron, jugar golf, fumar nuestros puros y disfrutar de los paisajes que son vedados para nosotros mientras sufrimos la peor de las tiranías.

Qué vergüenza para aquellos que viven en democracia en sus respectivos países. Y qué decir del Papa, supuesto Vicario de Cristo, dándole la mano a un asesino confeso que ha masacrado a todo un pueblo con total impunidad.

Dios tenga piedad de este mundo que nada ha cambiado en los últimos mil años. Un día los cubanos, machete en mano, veremos realizado el sueño martiano. Ese día sacaremos de nuestra sagrada patria a los mercaderes del Templo, a los cómplices y sinvergüenzas. El mundo no será refugio suficiente para aquellos que contribuyeron a la esclavización de millones de cubanos. Ese día nos levantaremos con el dedo acusador contra aquellas naciones que cerraron los ojos ante el oprobio y la masacre.

Quizás yo no vea ese día. Pero mis hijos, y los hijos de mis hijos estarán allí, y serán un testimonio vivo de la complicidad asesina de los verdugos de mi nación. Es día vendrá. Y las naciones todas tendrán que agachar el rostro avergonzados ante el crimen y la barbarie.

Y al Papa este mensaje: Cristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en Su Juicio, te pedirá cuentas por no estar del lado de las ovejas. Quien le tiende la mano a un asesino se convierte de facto en cómplice. Si tienes oído para oír escucha.

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