2015: Conteo regresivo a la libertad

Desde 1959 el pueblo cubano ha vivido un estado de excepción permanente. Cada día traía nuevas consignas, medidas, programas condenados al fracaso, períodos, causas de lucha. En torno a este fenómeno siempre existía un común denominador: el imperialismo yanqui. El sempiterno enemigo, el antihéroe omnipresente, la causa de todas las desgracias nacionales. El Imperio del Norte hizo que las gallinas dejaran de poner huevos, los ciclones fueran más intensos, se perdieran cosechas, hubieran períodos de sequía. Estados Unidos y su famoso “bloqueo” fueron el saco en el que la dictadura arrojaba toda su incompetencia.

Pero todo eso cambió de repente el 17 de diciembre de 2014. De un plumazo el presidente Obama anuló una ley obsoleta y disfuncional de la que sólo quedaba el nombre. Independientemente de la frustración en algunos, que consideran este suceso un golpe a las aspiraciones de libertad del pueblo de Cuba, para otros es el comienzo de una nueva era para la democratización de Cuba. Sólo el tiempo dirá que grupo tiene la razón.

Soy de la opinión que nada va a cambiar dentro de la Isla. El sueño de los dictadores es establecer en Cuba un mercado de mano de obra esclava al estilo China o Viet Nam. Grandes empresas capitalistas van a explotar nacionales controlados por comunistas para seguir engordando el patrimonio de la familia Castro.

Esta coyuntura supone nuevos retos y oportunidades para los grupos prodemocráticos. Debemos despojarnos del falso concepto de que tenemos amigos que se interesan por nuestra libertad. Es hora de asumir nuestra responsabilidad como protagonistas del cambio que necesitamos. La democracia y la libertad se construyen desde abajo y necesita de la participación de todos: campesinos, intelectuales, militares, artistas, profesionales. La libertad es un derecho, no un privilegio. Comenzamos a ser libres cuando decidimos serlo y nos despojamos de aquello que pretende dominarnos, vigilarnos o censurarnos.

El pueblo está cansado de someterse para satisfacer a la nomenclatura. Se ha hastiado de que un tirano le diga qué comer, qué pensar, qué decir y a dónde ir.

Esperemos a ver qué nuevo enemigo se inventan para continuar su viejo rosario de opresión, persecución, muerte e incompetencia.

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